No fue mi peor decisión. Tampoco la mejor. Pero cualquiera estaría de acuerdo conmigo ahora que mi situación se ha vuelto tan frágil que hasta a mí me cuesta sostenerla. Es complicado elegir en qué carajo pensar cuando no sabes qué es lo que pasó para que te encuentres en semejante dilema. Nunca me gustó elegir, pues lamentablemente tengo una tendencia a escoger lo que finalmente desata un desastre. Y, como supondrá cualquiera, esta no fue la excepción. Cuánto habría dado por que así fuera.
Cualquiera se preguntará qué fue lo que pasó. Esa pregunta es el dilema en si. ¿Pasa algo? ¿No pasa nada? ¿O simplemente no hay nada? No le deseo a nadie esta situación. Y no le encuentro una respuesta. ¿Qué debo hacer? Podría esperar sentado, que se abran los cielos y caiga una lágrima de ángel que me susurre lo que deba hacer (lo que naturalmente no pasará, por lo que una oportunidad de encontrarle una respuesta a estas preguntas se habrá escurrido con la facilidad con la que se respira). O sino, podría precipitarme y nuevamente elegir, lo que podría llevarme a un cataclismo personal que destruya mi integridad e identidad. Como siempre. O casi siempre. No lo sé. Una cosa más que añadir a mi inseguridad. ¿Por qué soy así ahora?
Lo bueno de mí (una de las pocas cosas buenas de mí) es que siempre consigo salir a la superficie después de estar ahogado en la desesperación y la resaca emocional de luego de haberme emborrachado y llenado de ilusiones. Pero esto conlleva a resaltar una de mis debilidades más expuestas a la realidad: la facilidad con la que consigo construir todo un universo contigo que cae en mil pedazos cada vez que veo tu rostro girar sin haberme sonreído antes. ¿No es eso un poco excesivo? O tal vez sea una paranoia constante. Sea lo que sea, es la causa de mis pesadillas, y del tener que elegir.
Elegir.
Dame opciones, para al menos hacer un intento y aprender de aquella vulnerabilidad mía tan fácil de detectar y aprovechar. No soy fuerte, pero no me dejo llevar. Es diferente, sin embargo, cuando aquella persona que me lleva al desastre es la persona que amo. No digo que me estés llevando al desastre a propósito. Pero ahora no sé que pensar. Solamente pido al cielo que no sea así.
Dame opciones. Estoy seguro de que esta vez elegiré la mejor… para ti. No busco mi satisfacción, busco tu felicidad. Si tú eres feliz, estaré conforme. No puedo asegurar que me vuelvas a encontrar rebosante de energía, pero estoy convencido de que cada vez que me mires a los ojos, vas a encontrar aquella súplica miserable de tenerte nuevamente conmigo. Ya tienes la suficiente intromisión en mi vida como para que cada movimiento que hagas, por más pequeño que sea, devuelva una partícula de esperanza a mi mente. Eres tú. Lo malo es que soy yo quien te ama.
Dame opciones. Esta vez elegiré con la esperanza de que tú seas feliz… porque aquella en que me veía sonreír a tu lado nuevamente esta a punto de desvanecerse.
Solamente dame opciones.
Subscribe to:
Post Comments (Atom)

No comments:
Post a Comment